CRITERIOS DE APRECIACIÓN DE LA PRUEBA TESTIMONIAL RECIBIDA. La prueba testimonial evacuada en la audiencia de juicio oral reveló los siguientes aspectos.
a. El testigo [Nombre 003], es médico asistente general y abogado, y reside en Turrialba. Ha sido funcionario de la institución hospitalaria desde el año 2002 o 2003, trabajando durante sus primeros dos años en Cartago y Guanacaste, y el resto de su carrera, aproximadamente 21 o 22 años, en el Hospital William Allen en Turrialba. Fue compañero de trabajo del doctor [Nombre 001], la doctora [Nombre 002], y el doctor Fallas, quien fue su profesor en una maestría. Su relación con el doctor [Nombre 001] se dio principalmente en el Servicio de Emergencias, donde interactuaron frecuentemente a lo largo de unos 20 años. Dentro de su experiencia en el hospital de Turrialba, el testigo trabajó cerca de 18 años en el Servicio de Emergencias. Aunque en la actualidad, desde hace casi tres años, labora en Hospitalización, sigue realizando turnos de guardia en Emergencias. Indicó que al ingresar al hospital, la directora era la Dra. [Nombre 002], y a lo largo del tiempo, otros directores han incluido al doctor Álvarez, las doctora [Nombre 008], Anabel Somarribas y María José Solano, quien actualmente ocupa ese cargo. Explicó que el servicio de emergencias se desarrolla con la atención inicial a los usuarios. Los pacientes pasan primero por un consultorio de clasificación, atendido por un médico general y personal de enfermería, donde se registra el motivo de consulta y se toman los signos vitales. Dependiendo de la urgencia, los pacientes son clasificados según un código de colores: el blanco tiene la menor prioridad, seguido por el verde (sin riesgo vital urgente), el amarillo requiere atención prioritaria y urgente, mientras que el rojo y el azul son los estados más críticos, donde la vida corre peligro y la atención debe ser inmediata en la sala de reanimación o "sala de shock". Detalló que la atención médica es proporcionada principalmente por médicos generales, quienes ofrecen la atención primaria en el hospital. El hospital cuenta con dos médicos especialistas en emergencias (emergenciólogos) de planta. Sin embargo, debido a que solo hay dos, el servicio se encuentra con frecuencia sin la presencia de estos especialistas, y la atención sigue siendo proporcionada por los médicos generales. En ocasiones, médicos internistas y geriatras apoyan las guardias médicas de tiempo extraordinario (fines de semana o días feriados) en el servicio. Los médicos interconsultores especialistas trabajan en horario ordinario (lunes a jueves de 7 a 4, viernes de 7 a 3), y fuera de ese horario están en modalidad de disponibilidad médica. Cuando los pacientes requieren la atención de un especialista, el médico general solicita la interconsulta. En los casos de pacientes críticos (rojo o azul), estos ingresan directamente a la sala de reanimación, donde son atendidos inmediatamente por un equipo que incluye médicos generales y, si están presentes, el emergenciólogo, quien dirige la atención. Muchos pacientes deben ser referidos a otros centros debido a que el Hospital de Turrialba no cuenta con todas las facilidades necesarias ni con todas las especialidades requeridas para un abordaje complejo, como un tomógrafo o un neurocirujano. Una vez que el paciente crítico se estabiliza, se traslada al hospital de referencia. El Max Peralta es el primer hospital de referencia, y si allí no hay disponibilidad, se escala al Hospital Calderón Guardia. En cuanto a los traslados, el médico tratante es el profesional que atiende el caso en un momento dado, y pueden existir varios médicos tratantes a lo largo del proceso de atención de un paciente en emergencias. Contestó que cuando considera necesario trasladar un paciente, lo hace informando al centro de referencia en el momento oportuno, sin solicitar permiso para evitar que se lo rechacen. La labor del médico tratante concluye una vez que el paciente es entregado en el centro de referencia. No obstante, si el hospital de referencia devuelve al paciente, el Hospital William Allen está obligado a recibirlo y atenderlo, incluso si no es la especialidad del médico de turno. En este caso, se considera que el paciente ya ha sido valorado por el especialista y su manejo pasa a ser general. Añadió que existe una directriz institucional girada por correo electrónico, establecida hace aproximadamente un año y medio (no por la Dra. [Nombre 002]), que responde a la falta de especialistas en pediatría. Dicha instrucción exige que el médico a cargo del servicio de observación (que puede ser el médico general, o el emergenciólogo si está disponible), junto con el médico geriatra de hospitalización que se encuentre atendiendo en tiempo extraordinario, deben atender a los niños que presenten una situación de emergencia en ausencia de un pediatra especialista. Esta directriz fue cuestionada por el personal médico, que planteó la opción de trasladar a estos niños a otros centros de referencia con disponibilidad de pediatras, pero la instrucción se mantuvo vigente.
b. El testigo [Nombre 012] es médico cardiólogo y trabaja ininterrumpidamente en el Hospital Calderón Guardia desde el año 2002. Antes de esto, ha laborado para la Caja Costarricense de Seguro Social desde 1988, inicialmente como médico general en zonas rurales como Siquirres, Batán y Upala después de graduarse de la Universidad Autónoma de Centroamérica en 1987. Posteriormente, realizó su especialidad en San José durante cuatro años. Tras obtener su título de especialista, trabajó durante cinco años como cardiólogo en el Hospital de Limón, en la Zona Atlántica. Luego pasó un año en Suramérica para realizar una subespecialidad en ecocardiografía, lo que lo llevó a ser nombrado en el Hospital Calderón Guardia en 2002, donde ha permanecido por unos 23 años. Explicó que la cardiología se enfoca en la prevención, tratamiento y seguimiento de las enfermedades del corazón, que son la principal causa de muerte por enfermedad en el país. Para ser cardiólogo, el programa académico en su época requería dos años de medicina interna y luego dos años de cardiología general. Ahora, la medicina interna se ha vuelto más compleja, y un cardiólogo a menudo requiere subespecialidades que se cursan generalmente fuera del país, como imágenes, cateterismo (cardiología invasiva), o electrofisiología (arritmias). La formación en subespecialidades requiere entrenamiento especial y supervisado, con un mínimo de un año adicional, y en el caso de electrofisiología o hemodinamia (invasiva), dos años más. Indicó que las habilidades de diagnóstico o terapia propias de la cardiología, como los procedimientos de abordaje invasivo, no corresponden a un médico internista, ya que requieren un entrenamiento especializado. Ante preguntas formuladas, respondió que el Hospital Calderón Guardia es clasificado como un hospital clase A, el nivel más alto de especialidades y tecnologías dentro de la institución, incluyendo el equipo necesario para abordar enfermedades cardíacas complejas. Los hospitales regionales (clase B), como Guápiles, Turrialba, Limón y Cartago, refieren casos al Calderón Guardia para intervenciones más especializadas. Aunque expresó que no ha trabajado ni conoce físicamente el Hospital William Allen de Turrialba, sabe que es uno de los hospitales que les refiere casos, los cuales se exponen en sesiones intrarregionales. Detalló que en el abordaje de un paciente con una patología cardíaca aguda y complicada, el primer abordaje o terapia de choque suele ser realizado por un médico internista o un emergenciólogo en el servicio de emergencias. El internista se encargaba tradicionalmente de manejar el servicio de emergencias antes de que se creara la especialidad de emergencia, y debe ser capaz de identificar patologías cardíacas y hacer el abordaje inicial mientras se contacta o refiere al especialista. Es un principio básico que ante una emergencia médica, el profesional no puede rehusarse a atender al paciente, aunque la patología no sea su especialidad directa. Añadió que muchas veces, el diagnóstico se establece en el momento del ingreso, y si el paciente llega con un infarto, especialmente con complicaciones eléctricas, debe ser abordado inmediatamente para evitar la muerte súbita. Lo ideal en el Calderón Guardia es que el paciente con infarto sea trasladado inmediatamente a hemodinamia (cateterismo) para realizar una angioplastia primaria. Este procedimiento, que es un abordaje invasivo, consiste en introducir un catéter por la arteria (generalmente femoral) para llegar a la arteria coronaria obstruida, succionar el coágulo y colocar un stent (resorte) para restablecer la circulación. Este procedimiento debe ser realizado por un cardiólogo especialista e invasivo. Es una carrera contra el tiempo, ya que cuanto más rápida sea la intervención, menos secuelas tendrá el paciente debido a que menos tejido cardíaco morirá. Una vez que el paciente ha sido intervenido por un infarto y estabilizado, debe seguir siendo atendido por un cardiólogo, ya que existe un 8% de riesgo de que el stent se obstruya o se trombose, lo que podría requerir una reintervención. Estos pacientes se consideran residentes del servicio de cardiología, y su seguimiento se realiza primero en la clínica de cuidado invasivo por el médico que realizó el procedimiento, y luego en cardiología general. Los riesgos de no ser atendido por un cardiólogo especialista radican en la capacidad de identificar y manejar complicaciones específicas, como la reobstrucción del stent. En el Hospital Calderón Guardia, los cardiólogos tienen turnos rotativos para atender emergencias los fines de semana y días feriados, y después de las 4 p.m. hay un cardiólogo clínico (generalmente de imágenes) y un cardiólogo invasivo de disponibilidad que pueden ser llamados para intervenir en casos de infarto, incluso de noche. El médico que aborda el caso inicialmente en emergencias es quien decide si se debe remitir, trasladar o llamar al cardiólogo. El doctor Saborío señaló que en hospitales que no cuentan con servicio de hemodinamia (como los hospitales regionales), aunque el cardiólogo de la zona es el ideal para el abordaje, a menudo no cuenta con todo el equipo, personal de apoyo y tecnología necesarios. En estos casos, el abordaje de entrada lo realiza el médico de emergencia o quien esté de turno. El especialista en cardiología de la puerta es llamado cuando el médico de abordaje inicial identifica un infarto, ya que se debe actuar rápidamente. Además de la patología cardíaca, si un paciente presenta otras comorbilidades (como diabetes de difícil manejo, problemas renales o infecciones), estas deben ser atendidas. Si se trata de una emergencia médica, como una glicemia muy alta (400 o 600), el internista o el médico de emergencia deben ser capaces de compensar al paciente para estabilizarlo, ya que son la terapia de choque inicial. Si un paciente internado en cardiología tiene patologías anexas, el servicio puede solicitar interconsulta con otros especialistas, como nefrología, o con el internista para problemas de infecciones o de tiroides, que son más de la práctica de la medicina interna y otras subespecialidades.
c. El testigo [Nombre 005], de 51 años, es médico y actualmente se desempeña como médico internista. Trabaja como médico asistente especialista en el Hospital Calderón Guardia, siendo el jefe del servicio de Medicina Interna. Es empleado de la Caja Costarricense de Seguro Social desde el 1 de febrero de 1999 y forma parte del Hospital Calderón Guardia desde el 1 de agosto de 2005. Explicó que la medicina interna se considera el tronco común o la "madre" de las demás especialidades médicas. El internista está entrenado para el manejo integral del paciente, viendo al individuo como un todo y no de manera fragmentada. Esto implica la capacidad de interpretar datos y las decisiones diagnósticas y terapéuticas de otros subespecialistas para aplicarlas en pacientes, especialmente aquellos con múltiples enfermedades (pluripatología), como padecimientos autoinmunes, cardiovasculares y endocrinológicos. En cuanto al espectro de pacientes que atiende, el internista ve pacientes desde la adolescencia hasta el final de la vida, incluyendo la población geriátrica. Una vez que los pacientes salen del Hospital de Niños (antes de los 13 años aproximadamente), el internista puede asumir su manejo. No es infrecuente recibir referencias de adolescentes para dar seguimiento a diversas patologías. Su ámbito de acción abarca todo tipo de patologías médicas, e incluso diagnostican patologías quirúrgicas. El internista es fundamental en los hospitales, siendo el médico que define el camino diagnóstico de los pacientes y a menudo es consultado por otros médicos para casos complejos o raros. Su disciplina incluye desarrollar aptitudes investigativas, como realizar búsquedas bibliográficas para encauzar diagnósticos complejos. Respecto a otras especialidades, la medicina interna se relaciona con problemas de salud mental. El internista debe tener la habilidad de detectar problemas depresivos u otros trastornos afectivos o mentales desde la entrevista inicial. Puede aplicar escalas estandarizadas y, si es necesario, iniciar tratamiento con psicofármacos, derivando al paciente al psiquiatra si no hay buena respuesta o para un manejo más especializado. El internista también debe descartar trastornos orgánicos que puedan manifestarse con síntomas psiquiátricos, como una neurosífilis o trastornos metabólicos, estabilizando primero la enfermedad médica subyacente antes de que el psiquiatra asuma el caso. Además, el internista debe tomar decisiones sobre la continuidad de terapias psiquiátricas, como advertir sobre psicofármacos que puedan causar anomalías en los valores sanguíneos (como el sodio), que podrían explicar síntomas neurocognitivos. En relación con la cardiología, el doctor Araya señaló que es "un campo más" de lo que hace el internista. Aunque el internista no sustituye al cardiólogo y no es un especialista en cardiología, debe estar en capacidad de detectar, abordar y empezar a tratar adecuadamente las patologías cardíacas. El internista maneja la enfermedad coronaria y la insuficiencia cardíaca como parte de su práctica diaria, además de dar seguimiento a pacientes con stent o marcapasos, encargándose de controlar factores de riesgo como la presión arterial y los lípidos. Sin embargo, el internista depende del cardiólogo para estudios diagnósticos complejos (como un ecocardiograma avanzado, angiotac coronario o resonancia cardíaca) y para tratamientos complejos (como la angiografía coronaria, que le corresponde al cardiólogo intervencionista, o el manejo de arritmias complejas por el electrofisiólogo). Aunque los internistas están incorporando herramientas de ultrasonido en el punto de atención para aproximaciones diagnósticas urgentes (como un taponamiento cardíaco), esto requiere entrenamiento y certificación, y no sustituye al cardiólogo. Añadió que la medicina interna también se relaciona con otras especialidades, como la gastroenterología (por ejemplo, el internista trata el Helicobacter pylori, pero el gastroenterólogo realiza la gastroscopía y el patólogo analiza la biopsia), la reumatología (el internista puede iniciar el diagnóstico y tratamiento de lupus o artritis reumatoide, pero si el caso no evoluciona bien, debe acudir al reumatólogo para ajustar la terapia), y vascular periférico. Respecto a esta última, la enfermedad arterial periférica es un capítulo importante en la medicina interna, y el internista debe realizar el examen físico, incluyendo la exploración de pulsos, especialmente en pacientes con factores de riesgo (diabetes, hipertensión, edad, tabaquismo). Al detectar una reducción de pulsos, el internista se coordina con el cirujano vascular para definir si el paciente es revascularizable (si requiere un bypass o stent) o si se requiere una amputación. El manejo médico de esta patología compleja le corresponde al internista, ya que suelen ser pacientes con pluripatología. Respondió que sobre la relación con la Medicina de Emergencias, hay dos escenarios. Cuando hay emergenciólogo disponible, este atiende la emergencia y, una vez que el paciente está controlado y hospitalizado, queda a cargo del médico internista. Cuando no hay emergenciólogo, el internista debe asumir la atención del paciente desde el momento de su llegada a emergencias. Aunque el internista pueda no estar tan familiarizado con la clasificación de pacientes críticos o el manejo de politraumatizados, debe dar la atención básica y estabilizar al paciente para poder trasladarlo al servicio correspondiente, si es necesario. Históricamente, antes de que existiera la especialidad de Emergencias (que es relativamente joven, iniciada a finales de los 90), los servicios de urgencias eran manejados principalmente por internistas. La formación del médico internista en el posgrado de cuatro años incluye rotaciones en el servicio de emergencias, que son fundamentales para aprender a identificar enfermedades médicas desde que el paciente llega a urgencias. Se referenció que el doctor Araya también es docente de pregrado y posgrado en la Universidad de Costa Rica, donde ha sido coordinador nacional del posgrado de medicina interna y actualmente es el Director Nacional del Programa de Posgrado de Especialidades Médicas, el cual cuenta con 57 programas. Su participación activa en la formación data del año 2000. Respecto al tema de la negativa de atención o los límites en la práctica, afirmó que es parte del entrenamiento del internista atender a pacientes con pluripatología, y no debe rehusarse. Sin embargo, el internista no debe realizar procedimientos que excedan sus habilidades, como un procedimiento diagnóstico o terapéutico complejo. En una situación de emergencia, el profesional médico, incluyendo un geriatra con un niño, no puede ser negligente; debe intentar garantizar algún grado de atención inicial para canalizar y abordar al paciente, ya que esto viene desde la formación básica como médico general. El internista siempre debe hacer un abordaje inicial de la emergencia, aunque no sea su área de confort. Finalmente, el testigo explicó cambios en los contratos de los especialistas en la Caja Costarricense de Seguro Social. Cuando él se graduó en 2005, no había garantía de trabajo. Sin embargo, aproximadamente a partir de 2010, se implementaron el servicio social obligatorio para especialistas y los contratos de retribución, que exigen que el especialista trabaje para la institución por un tiempo (por ejemplo, tres años para un internista) y garantiza que el médico especialista salga con un trabajo en la institución. Este cambio fue resultado de presiones políticas y buscó reducir el déficit de especialistas. Hoy en día, los internistas están siendo absorbidos por hospitales de todas las categorías, incluyendo hospitales regionales, debido a la necesidad de su formación integral.
d. [Nombre 008] es médica cirujana y cuenta con una especialidad en Administración de Servicios de Salud, la cual obtuvo entre 2010 y 2012. Es funcionaria de la Caja Costarricense de Seguro Social desde 1983 hasta la actualidad. Su trayectoria profesional incluye varios años como médica general y diversos puestos de dirección médica, comenzando en Puriscal en 1986. Posteriormente, ocupó la dirección en Juan Viñas (1987), la clínica Marcial Fallas en Desamparados (1994), Guácimo (1998) y el Área de Salud de La Unión (2002). Su cargo más relevante para este caso fue la Dirección Médica del Hospital William Allen de Turrialba, donde laboró desde el 28 de mayo de 2012 hasta el 13 de julio de 2018. Se especificó que la Dra. [Nombre 008] tuvo un conflicto previo con el doctor [Nombre 001], quien la acusó por injurias y calumnias en el tribunal de Turrialba, un caso que ella ganó y en el que fue absuelta tras la apelación ante los tribunales de Cartago. Esta acusación se originó a partir de las resoluciones que ella emitió en el marco de los debidos procesos administrativos en contra del doctor. Estos procedimientos se iniciaron tras denuncias elevadas por la jefatura de servicio a la dirección médica, la cual recolecta la información y la remite al Centro de Investigación de Procedimientos Administrativos (CPA) de la institución, que es el ente encargado de realizar las investigaciones para determinar la verdad real de los hechos. Durante su gestión como directora, la Dra. [Nombre 008] tuvo que resolver entre cinco y seis procedimientos administrativos contra el doctor [Nombre 001]. Las denuncias provenían mayoritariamente del Servicio de Emergencias, siendo la doctora Gisela Murillo quien canalizaba la mayoría. Las quejas versaban sobre situaciones como el incumplimiento del doctor a presentarse a la disponibilidad para atender a los pacientes del Servicio de Emergencias cuando era llamado. La directora aclaró que, cuando ingresó al hospital en mayo de 2012, varios de estos debidos procesos ya habían iniciado, posiblemente en fechas anteriores como 2009, 2010 o 2011, por lo que ella no los había enviado, sino que le fueron llegando del CPA para su resolución. El CPA devolvía los expedientes con las recomendaciones y los hechos que habían sido demostrados tras su investigación. La Dra. [Nombre 008] fue la persona que tomó la decisión final en todos estos procedimientos. Ella indicó que la doctora [Nombre 002], quien pudo haber iniciado algunos procesos mientras fue directora, no tuvo injerencia directa o indirecta en sus decisiones. En todos los casos, el doctor [Nombre 001] fue sancionado. Las sanciones iniciales consistieron en amonestaciones, como suspensiones de días sin laborar, hasta que en el último procedimiento la directora aplicó el despido sin responsabilidad patronal. Este despido fue discutido en sede judicial, en la jurisdicción contencioso administrativa, y resultó en la reinstalación del doctor por una medida cautelar alrededor de 2016 o 2017. La testigo no se encontraba en el hospital cuando el doctor se jubiló, ya que ella salió en julio de 2018. Ella no precisó si inició algún debido proceso durante su periodo debido al tiempo transcurrido, aunque pudo haber iniciado uno o dos antes de que la gente dejara de presentar denuncias. En cuanto a la organización del hospital, la directora explicó que la asignación de disponibilidades médicas se hacía por especialidad y correspondía a la jefatura de cada servicio efectivo, como los doctores Rojas en cirugía o Cortés en medicina interna, no a la dirección médica. Un aspecto clave es que no se puede obligar a un médico especialista a realizar guardias médicas porque esto constituye tiempo extraordinario, a diferencia del horario normal. Respecto a las guardias médicas (que sí puede asignar el director), antes de 2014 o 2015, el Servicio de Emergencias era atendido por médicos generales, quienes llamaban a los especialistas que estaban de disponibilidad según la disciplina requerida (medicina interna, cirugía, gineco-obstetricia y pediatría). Fue bajo su dirección que empezaron a ingresar los especialistas en emergencias (emergenciólogos), siendo Antes el doctor Pardo el