Esta Sala ha sostenido que para "...efectos de la exoneración del pago de costas a la parte vencida, la buena fe como sinónimo de honradez o rectitud, y en lenguaje forense como convicción de que se tiene un derecho legítimo, solo puede determinarse en un litigio, atendiendo a la naturaleza misma del pleito y a la forma en que el litigante haya actuado dentro del proceso, es decir, por presunciones derivadas de los hechos en que la conducta se exterioriza..." (Sent.No.l7 de 1981). La complejidad del asunto se ha estimado, además, un dato importante para admitir la buena fe. (Ver en este respecto la Sentencia N° 111 de 1982). Para determinar cuándo hay buena fe procesal de parte del litigante derrotado, lo primero que cabe considerar es la veracidad en la exposición de los hechos. Si la relación fáctica trascendente para la decisión del negocio es veraz, esto es ya un indicador importante sobre la sana convicción que motivó la conducta procesal del vencido. En segundo término, para el mismo propósito ha de atenderse al comportamiento dentro del proceso. Si el litigante ha actuado con corrección, sin apelar a recursos proclives a dilatar, entorpecer o complicar el proceso, esto también da la medida de un comportamiento de buena fe. Obvio es que no bastaría el convencimiento que tenga la parte en su tesis para ser beneficiada con la exención. Si el punto jurídico adverso a ella es claro, su error, aún de buena fe, no excusa la condena. De aquí que un dato más para la calificación de buena fe, se relaciona con la naturaleza de las cuestiones debatidas y su interpretación legal. Si el tema a decidir es controversial en la doctrina o en la jurisprudencia, en principio el vencido tendría razón para accionar o para oponerse a la acción, según fuere el caso” (Nº73-F-95, a las 14 horas 50 minutos del 5 de julio de 1995).